Trekking en los alrdedores de Bolzano (I)

Cuando surgió la posibilidad de venir unos meses a vivir a esta ciudad, que quizás no es de las más conocidas de Italia, capital de la provincia de Bolzano, en la región de Trentino-Alto Adige, al norte del veneto y de la Emilia Romagna, obviamente empecé a investigar y a leer un poco, y quedé affascinato!

Bolzano es la puerta de entrada a los Dolomitas, una sección de los Alpes (en la parte oriental de los mismos para ser más preciso), que es patrimonio de la humanidad. Es una zona de indescriptible belleza natural, con paisajes que dejan sin aliento, dándole un marco realmente singular a la ciudad y todos los pueblos del los numerosos valles, los cuales los centros urbanos se integran de una manera, que a través de siglos de presencia en la región el hombre ha naturalizado la relación con su entorno.

Corso Libertá en plena ciudad con el Gruppo Catinaccio/Rosengarten de fondo.

No es casualidad que al pie de esas grandes paredes que forman los dolomitas, sea la región, cuna de algunos de los más grandes montañistas de la historia como Reinhold Messner (el más grande de todos, nacido en Bressanone/Brixen, cerca de Bolzano) y Tamara Lunger.

Acceso a uno de los museos del gran montañista Reinhold Messner en
Firmian, cerca de Bolzano.

Más allá de las actividades musicales y académicas que motivaron el viaje, vi en el entorno urbano la ribera de los ríos Talvera y del Adige unos parques lineales hermosos para correr y entrenar, como así cerros que están a literal, 15 minutos caminando desde la puerta de casa! Los domingos suelen ser un día libre, está el conservatorio cerrado y al no haber lugar para estudiar ni realmente tiempos estrictos que cumplir, estos se convirtieron en los días de hacer passeggiate.

Voy a contarles acerca de algunas de las que hice!

El primer domingo en Bolzano fui a una localidad vecina que se llama Soprabolzano (o Oberbozen), que como indica el nombre está encima de la ciudad, unos 1000 metros de desnivel por encima.

Esa mañana de domingo, que recuerdo que estaba muy ansioso por el trámite del Greenpass que nunca llegaba y permitía tener una vida relativamente normal, tomé mi bastón y mi botella de agua y me encaminé después de atravesar el centro histórico a tomar el sendero de Santa Magdalena, que en su primera parte es un constante y escarpado ascenso, como para entrar en calor en los últimos estertores del invierno.

Luego de llegar a la Iglesia de Santa Magdalena, empiezan los senderos menos urbanos, sobre terrenos silvestres, mientras no para de ganar altura la naturaleza nos regala unas vistas soñadas de la ciudad.

Luego de unas dos horas y media de ascenso (quizás fue menos pero no lo recuerdo con precisión) y de salir a una ruta asfaltada, empiezan a aparecer esos prados verdes tan típicos de los paisajes alpinos, donde lo único que falta es la vaca de Milka.

Los colores ocre del invierno todavía presente en los paisajes.

Luego de unos pocos minutos más aparecieron unas vías de tren y enseguida el poblado con su estación de tren y la llegada del funicular del Renon (que en 15 minutos nos deja en la estación de Bolzano). El pueblo es realmente encantador, muy austríaco-tirolés en su estética y obviamente la población tedesca (alemana) es aquí mayoritaria.

Llegando a Soprabolzano. Se ven los cables de la funivía, otra de las maneras de llegar «arriba».

Luego de descansar unos minutos, emprendí el regreso por esos prados verdes y enseguida volví a la montaña. En poco más de una hora y cuarto estaba en la ciudad de nuevo, mil metro más abajo, deseoso de hacer una sustanciosa merienda pero feliz por el espectáculo que la naturaleza me había regalado

Otro domingo, creo que dos semanas después, munido de los mismos elementos, me embarqué por un paseo con más kilómetros lineales pero un poco menos de desnivel. Nunca superé en este trekking los 780 msnm.

Me dirigí hacia el norte de la ciudad por el río Talvera y en menos de 20 minutos de cerrar con llave la puerta, una vez pasado el puente de San Antonio y la estación de la funivia que va a San Genesio, empieza una rampa, un pequeño camino con adoquines que sube al Castel Roncolo/Runkelstein, un auténtico castillo medieval cuyo origen se remonta al siglo XV. El mismo tiene una posición privilegiada, donde se divisa toda la ciudad y en su época dada la ubicación era difícil de acceder, justamente como mecanismo defensivo. Enseguida empieza la «Passeggiata Sant ́ Osvaldo» que forma parte del Sentiero del Castagno/Kerstenweg, el objetivo de hoy.

Castel Roconlo al fondo.

Luego de unos zig-zag que permitieron ganar altura rápidamente, el sendero empieza a faldear la montaña y a llevarnos al otro lado del cerro, hacia el este de la ciudad. Durante algunas horas caminar en ese entorno con la compañía de los pájaros que cantan, el sol entre las hojas de los árboles que de a poco iban ganando verde, y de a ratos un poco de buena música, llegué a un pequeño arroyo semicongelado y a unas formaciones muy particulares que se denominan «Pirámides de Tierra» que están justo debajo de Soprabolzano, aunque yo me dirigía en dirección a «Auna di sotto».

Pirámides de tierra.

Luego de llegar un denso bosque y de 5 horas de recorrido, decidí pegar la vuelta, y en menos de una hora empalmé con uno de los senderos que bajan de Soprabolzano para llegar a la casa a la hora de la merienda, un hábito que de a poco se va convirtiendo en costumbre.

En la próxima entrada, les cuento de otros recorridos que realicé!

Bolzano y sus viñedos desde un sendero.

Un comentario en “Trekking en los alrdedores de Bolzano (I)

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